miércoles, 29 de diciembre de 2010

“Aurora” de Nietzsche


En el siguiente enlace puede accederse a la versión íntegra de “Aurora” (1881) de Nietzsche, obra cuyo título íntegro incluye “Reflexiones sobre los prejuicios morales” y que fue publicada después de “Humano, demasiado humano” y “El caminante y su sombra” e inmediatamente antes que “La gaya ciencia” y “Así hablaba Zaratustra”.

"Con este libro ―dice Nietzsche refiriéndose a Aurora― inicié mi campaña contra la

moral". Y sigue advirtiendo Nietzsche: "¿Dónde busca el autor esa nueva mañana, ese delicado arrebol que aún está por descubrir y con el que comienza un nuevo día, o mejor, toda una serie, todo un mundo de nuevos días? En una inversión de todos los valores, en una liberación de todos los valores morales, en un afirmar y en un creer en todo lo que hasta hoy se ha venido prohibiendo, despreciando y maldiciendo".


Consta de cinco libros escritos mayormente como breves aforismos. Los temas conductores son: la moral, el cristianismo, la filosofía, el arte y la vida.

Para consultar esta obra en castellano, picar aquí

jueves, 23 de diciembre de 2010

El pensamiento de Nietzsche


Aquí puede escucharse la clase dada por E. Eskenazi el 20 de diciembre de 2010 en la Librería Sto. Domingo, como parte del curso “Nietzsche: Nihilismo & Psicología




miércoles, 24 de noviembre de 2010

La pérdida de la unidad


La pérdida de unidad

Por Enrique Eskenazi, en el curso Psicología y Verdad. Octubre del 2009. Transcripción de Alejandro Bica.


A través de cantidad de sacrificios y de evolución histórica el cristianismo se encargó sistemáticamente de desacralizar el mundo natural. En el siglo VII, por ejemplo, hay un acontecimiento decisivo que es cuando San Bonifacio tala en Alemania el roble sagrado de los Celtas, que durante siglos y siglos había sido la presencia viviente de la unión de lo divino y lo natural. Los cristianos lo talan, y lo importante -psicológicamente- no es el hecho de talarlo, no se tala solamente un árbol, sino que se destierra definitivamente un modo de consciencia, aquel tipo de consciencia que podía encontrar la divinidad presente en el árbol directamente, sin tener que decir por un lado "capto la divinidad del árbol" y por el otro lado ver el árbol sin la divinidad (porque para hacer eso ya había que ser cristiano).

Para poder separar el árbol de los dioses en el árbol ya hay que captar el árbol como un objeto no divino que contiene una divinidad. Pero para el pagano, para el politeísta, no había por un lado un árbol y por el otro la divinidad del árbol, porque para poder pensar así hay que imaginarse que por un lado está la divinidad y por el otro lado un objeto vacío de divinidad puramente mecánico llamado "árbol". No lo había antes, se pudo ver un objeto vacío puramente mecánico llamado "árbol" y un significado aparte, a partir y mediante el cristianismo, y no antes.

Y el cuerpo y el mensaje aparecen a la vez, la separación entre cuerpo y mensaje ocurre a una, y antes no había separación entre cuerpo y mensaje, el cuerpo era el mensaje y el mensaje era el cuerpo, no se podía hablar de dos.

En cierto sentido la evolución -el proceso de transformación de la consciencia- es hacer un dos en donde antes había un uno y simultáneamente ver el uno en el dos. Pero donde antes estaba todo unido, simple e ingenuo -el hecho era lo divino y lo divino el hecho- se produce una ruptura y ahora vemos hechos por un lado y significados divinos por el otro.

El pagano que sacrificaba ritualmente un animal o un ser humano no veía el sacrifico por un lado y el sentido del sacrificio por el otro, sino que el acto era el significado. Justamente, el sacrificio como acto que lo contiene todo se empieza a separar en un acto vacío de sentido y en un sentido separado del acto cuando muere el sacrificio, cuando ya el sacrificio se ha vuelto obsoleto, cuando se ha entrado en otra forma de consciencia.

Por ejemplo cuando hablamos de "sincronicidad", que es una idea que jamás se le hubiera ocurrido a un primitivo, también partimos del dos. La idea de "sincronicidad" habla de como unir lo que está separado, y por lo tanto es una consciencia que -aunque tenga la hermosa y respetable nostalgia de restaurar la unidad- ya está tocada por la dualidad, porque si no hubiera experiencia de la separación ni siquiera surgiría el problema de la unión.

La idea de separación y la idea de unidad van a la par, y cuando una persona habla de unidad es porque ya experimenta la separación, y no es que primero hay unidad y luego hay separación, sino que primero no hay nada y surgen a la vez en el acto de la ruptura la unidad por un lado y la separación por el otro. Estar instalado en esa grieta puede llevar a preguntarse "¿cómo lograr la unidad?" pero eso justamente habla, sin que uno lo diga, de la grieta en la que uno está instalado. No se puede hablar de reconciliación si no ha habido separación. Ni siquiera se puede hablar de no-separación sino por la experiencia de la separación. Por lo tanto, no es que hay la experiencia de la separación a partir de la experiencia de la unidad, sino que hay un estado en que no existe ni unidad ni no-unidad, y de repente un momento en que aparecen separación y unidad.

No puede haber experiencia ni noción de unidad que no contenga en sí misma, lógicamente, la separatividad. Ni puede haber experiencia ni noción de separación que no contenga la noción misma ya de unidad. Y unidad y dualidad no son dos, sino que están convocadas por el mismo movimiento, y sólo aparecen como consecuencia de una lógica, que no es ni la una ni la otra sino las dos a la vez. Y cuando no hay esa lógica no hay ni la una ni la otra. Nosotros ya estamos ahí, por eso nos es tan fácil captar unidad sin separatividad y separatividad sin unidad, porque estamos de este lado de la escisión. Lo que nos es muy difícil es captar una dimensión donde ni lo uno ni lo otro.

Esto es pensar, que no es poner rótulos. Este proceso por el cual se ve como una cosa convocaba ya a la otra sólo se puede entender pensando. Y el pensamiento no es "o esto", "o lo otro", sino el movimiento que hace aparecer a ambos. Esto no se puede imaginar, porque al imaginarlo me lo imagino junto o me lo imagino separado. Pero en cuanto pienso, ya no puede hablarse de unidad, porque si hubiera realmente unidad no habría pensamiento de la unidad.

Sólo puedo hablar de la infancia cuando ya no estoy en la infancia. Pero cuando estoy en la infancia soy la infancia, no hay nombre para la infancia. Y cuando uno habla de la infancia -aún pretendiendo estar en la infancia- la consciencia ya no está ahí, se ha salido de ahí, y por eso es apuntable. Solo puedes tener al frente aquello en lo que ya no estás, pero mientras estás no está al frente.

Entonces, si yo puedo hablar de un estado de unión entre lo físico y lo psíquico, o entre lo externo y lo interno, es porque eso ya está consumado, es porque hay una ruptura entre la consciencia y entre aquello de lo que habla. Pero si la unión fuera verdaderamente unión no habría ni siquiera una consciencia que pudiera hablar de la unión.

Por lo tanto, en cuanto hay consciencia, en cuento hay reflexión, hay ruptura, no hay inmediatez. La inmediatez, el estado de identificación total, tal que ni siquiera se podría hablar de identificación total, es un estado de inconsciencia, es un estado del que no se podría hablar. La consciencia y la inconsciencia surgen a la vez, y eso es el "alma". Por lo cual, podríamos decir que el "alma" se hace, no está hecha, y antes de consciencia e inconsciencia no hay "alma", ni hay cultura, ni hay logos, no hay nada. Podríamos decir que el perro y el gato viven ahí, en esa nada, en ese ni arriba ni abajo. El gato y el perro son totalmente y completamente todo lo que son, y por lo tanto ni siquiera puede haber un nombrar lo que son.

Esto cuesta mucho porque hay una especie de añoranza, la del místico que quiere recuperar la unidad. Pero el recuperarla no es volver a donde se estaba, porque sólo puede haber el deseo de recuperar desde la pérdida. La experiencia de la pérdida no se puede tirar por la borda, pues si se regresara se traería con sigo la pérdida, y no sería un regreso, sería un nuevo estadio. Y cuando vuelo a mi tierra no vuelvo a mi tierra porque el yo que vuelve no es el yo que no se había ido, y la tierra a la que vuelve no es la tierra que dejó. Sólo la idea de que hay un yo separado de la experiencia y una tierra objetiva separada de la experiencia puede hacer imaginar que yo regreso a aquella tierra. Pero si hablamos de la verdad viviente no se puede regresar, porque el que regresa no es el que se fue, y además no puede regresar porque a donde regresa no es de donde se fue. Por lo tanto, la idea del regreso ya supone que se ha perdido el regreso. No hay regreso, hay otra cosa, y cuando uno vuelve no es uno y a donde se vuelve es otra cosa.

Reconocer que se ha producido un salto es aceptar la muerte, que es lo que la consciencia representativa no quiere aceptar, que es lo que el aferrado a la imagen de la unión, de la niñez incorrupta, no quiere aceptar, no quiere aceptar que ha habido un salto, un corte, una muerte, y ni siquiera puede pensar la muerte, porque sería pensar la negación. Pero justamente la negación es el proceso. Esto también lo dice Hegel en el prólogo a la Fenomenología del Espíritu: "La muerte, sí así queremos llamar a esa irrealidad, es lo más espantoso, y el retener lo muerto lo que requiere una mayor fuerza. La belleza carente de fuerza odia al entendimiento porque éste exige de ella lo que ella no está en condiciones de dar. Pero la vida del espíritu no es la vida que se asusta ante la muerte y se mantiene pura de la desolación, sino la que sabe afrontarla y mantenerse en ella. El espíritu sólo conquista su verdad cuando es capaz de encontrarse a sí mismo en el absoluto desgarramiento. El espíritu no es esta potencia como lo positivo que se aparta de lo negativo, como cuando decimos de algo que no es nada o que es falso y, hecho esto, pasamos sin más a otra cosa, sino que sólo es esta potencia cuando mira cara a cara a lo negativo y permanece cerca de ello. Esta permanencia es la fuerza mágica que hace que lo negativo vuelva al ser."

Por lo tanto no trata de decir "no pasó nada, y es lo mismo", sino que sabe que ha pasado, y no sólo que ha pasado allí, sino que ha pasado en uno, y el poder mantenerse en este desgarramiento es justamente lo que lo transforma en espíritu, en esencia, en "perfume" (si queremos hablar alquímicamente), en algo que se ha sutilizado, que ya no está pegado a la cosa, porque puede ser sutil a través de todos los procesos de "machacamiento", de negación, que no quiere decir tirar por la borda lo que se fue, sino reconocer que ya no se es lo que se fue y sin embargo se es lo que se fue pero de otra manera. Esto es dialéctica. Pero el sentido común (la mente poco entrenada, la representación) dice: "o se es lo que se fue", o "no se es lo que se fue", pero no puede ser que se sea y no se sea. Pero el pensamiento dialéctico es el que dice, precisamente se lo es porque ya no se lo es. Es esta identidad de mismidad y de diferencia, es lo mismo sólo en cuento no es lo mismo. Pero si se quiere decir que es lo mismo porque no ha habido diferencia, esa mismidad es ilusoria. Se puede hablar, por lo tanto, de que sólo puede haber una continuidad en la ruptura. Sólo porque se ha roto forma parte de una historia. Pero no es lo mismo. No. Pero tiene vínculo. Sí, pero a través de la negación.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Irrelevantificación, de W. Giegerich


Es un gran honor para mí comentar que he publicado la traducción del magnífico artículo de Wolgang Giegerich: "Irrelevantificación", que hasta ahora no ha sido publicado en ningún idioma, y con el beneplácito de su autor.

El artículo, que es uno de sus trabajos más decisivos, puede consultarse picando aquí:
http://tinyurl.com/2vyunh5

jueves, 28 de octubre de 2010

Lo que acontece...


“Lo que acontece quiere decir: lo que sostiene y constriñe a la historia, lo que desencadena los hechos contingentes y proporciona de antemano el espacio libre para las resoluciones, lo que dentro del ente representado objetivamente y en situaciones es, en el fondo, aquello que es. Lo que acontece no lo experimentamos nunca con comprobaciones historiográficas de lo que «pasa». Como bien lo da a entender esta expresión, lo que «pasa» es aquello que desfila delante de nosotros en el primer plano y en el fondo del escenario público conformado por los sucesos y las opiniones que surgen sobre ellos. Lo que acontece no puede jamás llegar a conocerse historiográficamente. Sólo es posible saberlo de modo pensante al comprender lo que ha sido elevado al pensamiento y la palabra por aquella metafísica que ha predeterminado la época” (M. Heidegger: Nietzsche)

domingo, 10 de octubre de 2010

Crítica del sentimiento de pérdida de significado

En la última clase de mi curso sobre la "Psicología Analítica y Dialéctica" sobre el pensamiento de Wolfgang Giegerich, se tradujo y se explicó una sección de su artículo “El fin del significado y el nacimiento del hombre”, específicamente la sección titulada “Crítica del sentimiento de pérdida y de necesidad (de significado en la vida)”. En esa sección Giegerich continúa entrando en el sentido de la expresión de Nietzsche “Dios ha muerto” y en el sentido del “fin del significado”.

Puede escucharse un momento de esa clase, en el siguiente reproductor, tomando en cuenta que GoEar ha añadido un clip publicitario breve antes de la clase:

domingo, 26 de septiembre de 2010

Nietzsche: Psicología & Nihilismo


El ataque de Nietzsche (1844-1900) a la metafísica, así como a todo pensamiento "fundamentalista", a toda moralidad (inclusive la "moralidad de la verdad") y a toda instauración del "ser" por encima del "valor" (el perspectivismo: no hay hechos, sólo hay puntos de vista), así como su lectura de la historia de Occidente como la historia del Nihilismo, han marcado profundamente al siglo XX y posiblemente sea uno de los goznes que cierra el pensamiento de la modernidad y abre el reconocimiento de una transformación de la conciencia, para la cual ya es obsoleta cualquier referencia a una trascendencia. Esto es lo que se expresa en su “Dios ha muerto


Nietzsche se presenta como filólog, como poeta, como profeta, como crítico social, como artista y como psicólogo, no en el sentido de ocuparse de la "psique" de la gente, sino en el sentido de ser quien diagnostica la patología de Occidente: la decadencia. Nietzsche es el "psicólogo" cuyo "paciente" es el alma y la mente Occidental.

El impacto de Nietzsche sobre la naciente “psicología del inconsciente" (el psicoanálisis de Freud, la psicología individual de Adler y la psicología analítica de Jung) ha sido enorme, no sólo por los contenidos que la psicología profunda "toma" de Nietzsche (la actitud de desconfianza ante las justificaciones conscientes, la subordinación de las construcciones mentales a motivaciones y deseos no confesados, etc.) sino y ante todo porque el pensamiento mismo de Nietzsche es una puesta en cuestión de la posibilidad de la “psicología como ciencia” y del psicólogo como “terapeuta”. Las ideas mismas de “normalidad/ patología”, “salud/ enfermedad”, así como toda expectativa “redentora” (como salvación, curación, guía, orientación) de la psicología entran en cuestión, en tanto implican juicios valorativos/morales. Incluso se ha dicho que la psicología de Jung no es sino una "defensa” ante el nuevo estadio de conciencia voceado por Nietzshe, una defensa cuyo fin sería "preservar" el estadio anterior.

En este curso se hará hincapié especialmente en tres aspectos del pensamiento de Nietzsche:
1. La frase "Dios ha muerto" y su significado para la psicología
2. El reconocimiento del nihilismo como fenómeno psicológico del alma de Occidente
3. La renuncia a toda “moralidad” desde una perspectiva psicológica, y la denuncia a los psicólogos como "sacerdotes encubiertos".


El primer encuentro tendrá lugar el último lunes, 25 de Octubre, a las 18:30 hs. en la Librería Sto. Domingo, c/St. Domènech del Call nº 4, Barcelona 08002, tel. 933 173 222.

Lecturas preliminares recomendadas y accesibles en esta web:
Obras de Nietzsche
C. G. Jung: Recuerdos, sueños, pensamientos.
M. Heidegger : Nietzsche y el Nihilismo Europeo
M. Heidegger : La frase de Nietzsche “Dios ha muerto”
M. Heidegger : Que significa pensar
W. Giegerich: El final del significado y el nacimiento del hombre
W. Giegerich: La huida al inconsciente.

También es muy recomendable la página de Horacio Potel: Nietzsche en castellano

martes, 21 de septiembre de 2010

Nietzsche y el nihilismo europeo.


En su fascinante estudio sobre Nietzsche, Heidegger escribe que:

“«europeo» tiene aquí un significado histórico y dice lo mismo que «occidental» en el sentido de la historia occidental. Nietzsche utiliza el término «nihilismo» para designar el movimiento histórico que él reconoció por vez primera, ese movimiento ya dominante en los siglos precedentes y que determinará el siglo próximo, cuya interpretación más esencial resume en la breve frase: «Dios ha muerto». Esto quiere decir: el «Dios cristiano» ha perdido su poder sobre el ente y sobre el destino del hombre.

El «Dios cristiano» es al mismo tiempo la representación principal para referirse a lo «suprasensible» en general y a sus diferentes interpretaciones, a los «ideales» y «normas», a los «principios» y «reglas», a los «fines» y «valores» que han sido erigidos «sobre» el ente para darle al ente en su totalidad una finalidad, un orden y -tal como se dice resumiendo- «un sentido». El nihilismo es ese proceso histórico por el que el dominio de lo «suprasensible» caduca y se vuelve nulo, con lo que el ente mismo pierde su valor y su sentido.

El nihilismo es la historia del ente mismo, a través de la cual la muerte del Dios cristiano sale a la luz de manera lenta pero incontenible. Es posible que se siga creyendo aún en este Dios y que se siga considerando que su mundo es «efectivo», «eficaz» y «determinante». Esto se asemeja a ese proceso por el que aún brilla la apariencia resplandeciente de una estrella apagada hace milenios, lo cual, a pesar de ese brillo, no es más que una mera «apariencia».

Así, el nihilismo no es para Nietzsche de ningún modo una determinada opinión «defendida» por alguien, ni un «suceso» histórico cualquiera entre otros muchos que es posible catalogar historiográficamente. El nihilismo es, por el contrario, ese acaecimiento que dura desde hace tiempo en el que la verdad sobre el ente en su totalidad se transforma esencialmente y se encamina hacia un final determinado por ella.”

Puede leerse el artículo completo, picando aquí

jueves, 16 de septiembre de 2010

Miseria de la psicología: progresiva desaparición


En su interesante artículo sobre la psicología a lo largo del S. XX, incluído en “El legado filosófico y científico del s. XX” (coord. por Manuel Garrido, Luis M. Valdés y Luis Arenas, ed. Cátedra, pp. 821-840), y refiriéndose a las últimas décadas del siglo XX, Julio Seoane alude a “la sólida impresión de que nunca la psicología estuvo tan carente de fundamentación teórica o de conocimiento riguroso, junto con el convencimiento de que tampoco nunca ha tenido tanto éxito y penetración social en todo tipo de instituciones públicas y privadas de la vida social” (p.840)

La psicología se está disgregando en una cantidad de técnicas difusas para resolver “problemas” específicos, en una fragmentación que, como escribe Seoane, “da prioridad a los problemas de urgencia social frente a los desarrollos sistemáticos, y esto hace que aparezcan una multitud de disciplinas o especializaciones con nombres nuevos y fundamentos imprecisos, como la psicología política, la psico-oncología, la psicología de las adicciones, la psicología de la seguridad vial, la psicología de la familia o la psicología de género, unos pocos ejemplos de una serie interminable. Esto produce una fuerte dispersión de los estudios, una endogamia de los investigadores y un olvido generalizado de las fuentes originales de la psicología. La fragmentación va acompañada de una multiplicación exagerada de las revistas, publicaciones, asociaciones.... un consumo con frecuencia inútil de recursos institucionales, humanos y económicos, y el consiguiente deterioro de la calidad intelectual” (p. 837)

¿Qué significa esta carencia de fundamentación teórica, y lo que es aún más problemático, la indiferencia por parte de los psicólogos a todo intento de fundamentación, así como el deterioro de la calidad intelectual?
Posiblemente la muerte de la psicología, “o al menos su disolución como ciencia singular, combinándose con otras disciplinas como la neurofisiología, la lingüística y otras” o acaso “su configuración definitiva como un conjunto heterogéneo de ideas reunido con la finalidad de consumo en una cultura de masas” (p.840)

lunes, 13 de septiembre de 2010

Nietzsche denuncia del instinto de querer-castigar-y-juzgar

Hoy, cuando continuamente se hacen denuncias en contra de los amos del mundo, los políticos, los banqueros, los materialistas, las multinacionales, los terroristas, los inmigrantes, los fieles islámicos, los países ricos, los medios de comunicación, la conspiración judeo-masónica internacional, etc. etc., resulta al menos saludable detenerse a leer reflexivamente este apunte de Nietzsche.

Ello permite reflexionar sobre si se aprehende realmente a la historia en su íntima dinámica, cuando de antemano se da ya por supuesto que es consecuencia de la libre voluntad de agentes humanos (lo humano-demasiado-humano, diría Nietzsche), al menos psicológicamente hablando, o si acaso esta sobredeterminación de la "libre" voluntad humana no es sino otra forma de cegarnos ante "la inocencia del devenir". Ya han pasado más de 130 años desde que Nietzsche filosofara con el martillo a fin de liberarnos de toda mirada "moral" (y "moralista").

Pero, a pesar de todo, los ídolos perviven....y los teólogos y sacerdotes contemporáneos ya no llevan los conocidos hábitos, sino que ahora toman la forma de bloggeros, de sanadores y terapeutas, de periodistas que ejercen el derecho a la libre expresión, de activistas sociales, de asesores expertos, de serios psicólogos, de eminentes científicos que predicen las circunstancias, de esmerados salvadores del mundo, de ayudadores de la humanidad, de cruzados del espíritu, de informadores objetivos, de portavoces de la cultura y afines.

El subrayado en la siguiente cita es mío.


Nietzsche: El ocaso de los ídolos

Error de (la idea de) la voluntad libre.

-Hoy no tenemos ya compasión alguna con el concepto de «voluntad libre»: sabemos demasiado bien lo que es: la más desacreditada artimaña de teólogos que existe, destinada a hacer «responsable» a la humanidad en el sentido de lo teólogos, es decir, a hacerla dependiente de ellos... Voy exponer aquí tan sólo la psicología de toda atribución de responsabilidad.


- En todo lugar en que se anda a la busca de responsabilidad suele ser el instinto de querer-castigar-y-juzgar el que anda en su busca. Se ha despojado de su inocencia al devenir cuando este o aquel otro modo de ser es atribuido a la voluntad, a las intenciones, a los actos de la responsabilidad: la doctrina de la voluntad ha sido inventada esencialmente con la finalidad de castigar, es decir, de querer-encontrar-culpables.


Toda la vieja psicología de la voluntad, tiene su presupuesto en el hecho de que sus autores, los sacerdotes colocados en la cúspide de las viejas comunidades, querían otorgarse el derecho de imponer castigos: querían otorgarle a Dios ese derecho... A los seres humanos se los imaginó «libres» para que pudieran ser juzgados, castigados, - para que pudieran ser culpables: por consiguiente, se tuvo que pensar que toda acción era querida, y que el origen de toda acción estaba situado en la consciencia ( -con lo cual el más radical fraude in psychologicis quedó convertido en principio de la psicología misma...)


Hoy (esta obra se publicó en 1889) que hemos ingresado en el movimiento opuesto a aquél, hoy que sobretodo nosotros, los inmoralistas, intentamos, con todas nuestras fuerzas, expulsar de nuevo del mundo el concepto de culpa y el concepto de castigo, y depurar de ellos la psicología, la historia, la naturaleza, las instituciones y sanciones sociales, no hay a nuestros ojos adversarios más radicales que los teólogos, los cuales, con el concepto de «orden moral del mundo», continúan infectando la inocencia del devenir por medio del «castigo» y la «culpa». El cristianismo es una metafísica del verdugo...”

(Los cuatro grandes errores, § 7)

sábado, 11 de septiembre de 2010

Acerca de la verdad

Esta es una re-edición de un artículo ya posteado en el blog en agosto de 2008


En sus
Preguntas fundamentales de la Filosofía (“Problemas” selectos de “lógica”), curso 1937/38, ed. Comares, Granada 2008, Martin Heidegger escribe:

…aquí no se proclaman verdades eternas. No tengo ni la capacidad ni el poder para ello. Más bien se trata de preguntar, de ejercitar el justo preguntar que puede ser alcanzado en su ejecución real. Esto parece ser demasiado poco para aquel al que le urge la posesión de respuestas.

Pero en el ámbito de la filosofía la relación entre pregunta y respuesta tiene su propia condición respectiva. Para hablar metafóricamente, es como escalar una montaña. Esto no se logra al colocarnos en el nivel del opinar habitual y proclamar discursos sobre esta montaña para así "tener" la viva experiencia de ella. La subida y el acercamiento a la cima se logran solamente si comenzamos a escalar. Es cierto que de este modo perdemos de vista la cima, y sin embargo nos acercamos más y más a ella al escalar, a lo cual también pertenece el deslizarse hacia atrás y el resbalar y, en la filosofí,a incluso la caída. Sólo quien verdaderamente escala puede caer. ¿Pero qué pasa si los que caen experimentan la cima, la montaña y su alzarse del modo más profundo, más profundo y más particular, que aquellos que aparentemente alcanzaron la cima, y para quienes ella pronto pierde su altura llegando a ser plana y habitual?

No se puede ni juzgar ni medir la filosofía o el arte, o en general cualquier confrontación creadora con el ente, mediante la ayuda de la cómoda regla calculadora del sano entendimiento humano (el sentido común) y del presumiblemente sano "instinto", desfigurado y desviado desde hace ya tiempo; tampoco con la vacía sagacidad de lo así llamado "intelectual".
Aquí todo y cada cosa debe ser experimentada en la ejecución, en el esfuerzo de la escalada”. (p. 23)

A estas atinadas reflexiones de Heidegger cabe añadir el artículo de 1988 de Giegerich: "¿Esfuerzo? ¡Sí, esfuerzo!"

domingo, 29 de agosto de 2010

El cristianismo como fenómeno psicológico

En la psicología profunda la problemática del cristianismo siempre ha sido importante: ya Freud afirmó que el judaísmo es la religión del Padre y el cristianismo es la religión del Hijo. La relación padre-hijo con su idea del "parricidio", puede así transladarse al plano de las religiones, siendo la religión un tema que fascinó críticamente al gran psicoanalista vienés, y que lo trató en distintas obras: Totem y Tabú, El porvenir de una ilusión,Moisés y el monoteísmo.

Para C. G. Jung el tema del cristianismo es esencial. Por ello escribió: “Mi problema es luchar con el gran mostruo del pasado histórico, la gran serpiente de los siglos... la carga histórica que el cristianismo nos ha echado encima... Hay personas que se preocupan por la gran batalla entre el presente y el pasado o el futuro. Es un problema humano tremendo. Algunos enfrentan la historia , mientras otros se construyen una casita en las afueras”.
Jung intentó con su psicología profunda compensar lo que el veía como “la unilateralidad” del Cristianismo (intentando rescatar lo femenino, lo sombrío, lo material, incluso lo demoníaco del excesivo dominio "patriarcal", para lograr una integración de todas las facetas del alma)

En la obra James Hillman se intenta retornar a un politeísmo psicológico (descentralismo de la psique) y cuestionar el mono-centrismo cristiano: las ideas de salvación, renacimiento, de lucha con el Hades (el submundo). Así, escribió: “En mi intimidad, temo al inconsciente cristiano porque, a diferencia del budismo o incluso el judaísmo, el cristianismo vive mitos deliberadamente, insistiendo en que no son mitos, y esto tiene terribles consecuencias paranoicas”, y también: “El alma ingresa sólo vía síntomas, vía fenómenos marginados como la imaginación de los artistas o la alquimia o los “primitivos” y, por supuesto, disfrazada como psicopatología. Eso es lo que quería decir Jung cuando afirmó que los Dioses se han vuelto enfermedades: el único camino de regreso para ellos, en un mundo cristiano, es vía lo marginado”.

W. Giegerich ve en cambio en el cristianismo como
“la auto- expresión, la auto- articulación de aspectos del alma”, y como “una realidad espiritual transpersonal y una fuerza histórica que se realiza en la historia de Occidente, una realidada objetiva independiente, a la que los seres humanos nos hallamos expuestos de un modo u otro”. Partiendo del motivo básico del cristianismo -la encarnación del logos, el vaciamento (kenôsis) en Cristo de la divinidad a fin de volverse hombre- la tecnología es entendida como una forma de consumación del Cristianismo, y no como algo opuesto a su espíritu. Al contrario, el ímpetu del cristianismo se realizaría necesariamente en la superación de la naturaleza, en la tecnología y la transformación de lo natural en lógico, y por ello sería un proceso fundamental de transformación de la sintaxis del alma misma, el salto a un plano inédito de la conciencia y del modo de ser en el mundo.

A lo largo del curso, que tendrá lugar todos los miércoles a las 20:00 hs se leerán y comentarán dos artículos fundamentales de Giegerich: “El descuido patriarcal del principio femenino. Una falacia psicológica de Jung” y “¡Dios no debe morir! La tesis de C. G. Jung de la unilateralidad del cristianismo”

jueves, 26 de agosto de 2010

La proposición especulativa y la cosa del pensar


Por Enrique Eskenazi


Transcripción por Alejandro Bica de un fragmento del curso Hegel y la Psico-Logía. Una lectura psico-lógica de la fenomenología del espíritu.



Dialéctica viene de diálogo. Un logos, que es un enunciado, ha de generar otro. Un enunciado especulativo no es el rejunte de frases pegadas como hace el pensamiento común, que cree decir cuando sólo reúne información, añade retazos de aquí y de allí y los cose. No. Un enunciado, si se lo desarrolla, contiene su propio otro en su interior, y así, al desplegarlo, surge otro enunciado. No como un añadido, sino como la explicitación y el desplieguee del primero. Pero al explicitarlo entra en conflicto con el anterior, y ese conflicto hace emerger así un nuevo enunciado que, en su propio desarrollo ya contiene recordados (Erinnert, interiorizados) a los anteriores.


Un enunciado especulativo no es simplemente una frase, sino el desarrollo de varios enunciados de un pensamiento que se autodespliega progresivamente; mientras que los enunciados comunes se dan por acabados, son frases que se van acumulando sin desplegar ningún concepto, ninguna noción, carecen de vida lógica precisamente porque son un rejunte de información. Ahí no está la verdad, pero ni siquiera la falsedad: ahí no hay nada de nada. Es como los periódicos, que sirven al día siguiente como papel para encender la chimenea, porque pasado su momento no tienen nada que permanezca, no contienen ninguna idea. La información no es en absoluto pensamiento, y menos aún pensamiento especulativo.


De ahí que Hegel escriba: “La exposición deberá, ateniéndose fielmente a la penetración en la naturaleza de lo especulativo, mantener la forma dialéctica y no incluir en ella nada que no haya sido concebido ni sea concepto”. (Fenomenología del espíritu)


Otra vez volvemos a la famosa frase de Jung, retomada sistemáticamente por Giegerich: “Por encima de todo, no permitáis que nada del exterior que no le pertenece se entrometa, pues la imagen de la fantasía tiene ‘todo lo que necesita’ dentro suyo”. (CW 14, II § 404)


En el enunciado especulativo no se trata de sumar y pegotear, sino de que se despliegue lo que en él mismo ya está contenido, que se despliegue su propia vida lógica; en cambio el enunciado común no es más que información muerta que se presenta como acabada. En el enunciado especulativo nada ha venido de fuera, todo lo que ha entrado se ha derivado de su propio concepto.


Esto es pensar. Pensar no es simplemente comerse el coco, hacer abstracciones, o hacer fórmulas o aplicar esquemas. Pensar es amar tanto a la cosa misma como para seguirla en su desarrollo, seguirla en sus contradicciones, atenerse de tal modo al tema que no haga falta que nada venga desde fuera del tema. ¿Pero quién tiene esa atención hoy, cuando vivimos en una época de “trastornos de atención" colectivos, donde si no te entretienes tienes que cambiar a otro canal, donde la publicidad cada vez más salvaje tiene que emocionar mucho (proporcionar "subidones") para mantener la atención: más violencia, más música, más efectos, más espectáculo- porque sino la atención disminuye, tanto que si no se la cautiva con efectos añadididos se revelaría la vaciedad del contenido? Justamente porque no hay atención al tema, como diría Heidegger: "no pensamos todavía", vivimos en un mundo de contenidos muertos y vacíos que sólo "avivan" y resultan excitantes por una cantidad de grandes trucos y técnicas que puedan cautivar la atención. Y ese no-pensamiento en forma de clip musical está invadiéndolo todo -la literatura, la prensa, el cine, etc.-, un síntoma de lo que está pasando: la huida colectiva ante el pensamiento.


Hegel reconoce que sin atención no hay nada. Sin poner amorosamente la atención en lo que sea, no hay absolutamente nada. ¿Pero quién pone la atención, si lo usual es saltar como una langosta de aquí para allá sin detenerse en ningún tema? La vida está hecha de interrupciones continuas, y las aceptamos implacablemente en nuestra existencia como si la interrupción ya no fuera una interrupción, sino más bien como si la interrupción fuera la verdad, cuando de hecho es manifestación de huida a un mundo donde pueda haber verdad; es la instalación en un mundo absolutamente desprovisto de verdad: pura virtualidad. Esto ya lo ve Hegel mucho antes de que existiera de hecho el ciberespacio y la publicidad y la industria del espectáculo y los demás fenómenos de la sociedad mediática. Hegel sustenta y propone, en cambio, un pensamiento que resista todo esto, y con ello también está expresando un estilo de estar en el mundo que ya no es el nuestro. Aunque el hecho de que ustedes puedan entender lo que dice Hegel hace pensar que, a pesar de todo el ruido y el espectáculo, hay algo aún en el ser humano que puede saber la diferencia, que aunque no pueda mantenerse fiel a ella, sí que puede reconocer la diferencia, e incluso puede sostenerla. ¿Pero permanecerá eso o desaparecerá? ¿Qué pasará cuando ya no se recuerde la diferencia?


sábado, 21 de agosto de 2010

El pensamiento exterior


Por Enrique Eskenazi



El pensamiento exterior no consiste realmente en pensar, sino en danzar en torno a las cosas a fin de demostrar lo que uno ya sabe de antemano, es elegir posibles caminos para llegar a una meta pre-sabida (ni siquiera puede decirse "preconcebida", ya que tampoco ha habido en ningún caso una concepción -una previa generación conceptual- sino que el concepto, que es característico del pensamiento que "entra" en la cosa misma, brilla por su ausencia) -lo cual es muy distinto de dejarse enseñar por el tema mismo, entrar en el tema con pasión y desapego, penetrar y a la vez ser penetrado en su lógica y dejarse sorprender por lo que se deriva de la lógica viviente del tema mismo.

El pensamiento exterior consiste en jugar con un tema para llegar, como orador, adonde uno ya sabe de antemano que quiere llegar, puede sorprenderse al auditorio e incluso puede hacer conexiones verdaderas: tomar este tema, vincularlo con que en la mitología se asociaba con este otro, vincularlo con un filósofo que hablaba del tema, para finalmente producir el resultado previamente deseado, y tal vez todo eso sea verdad; pero el sujeto mismo de la prueba está afuera, y fuera de ella permanece intacto, intocado, por el tema mismo, y por ello incluso puede saber adónde ha de llegar aún antes de "estudiar" el tema mismo.

Esto es artificial, y también superficial: puede ser muy persuasivo y muy bello retóricamente, pero se usa al tema como un mero pretexto a fin de lucir la destreza del orador, del sujeto, mientras que el tema en sí no ha sido desarrollado, no se ha permitido que se desarrolle por sí mismo, sino que se le han añadido otros temas afines, se le ha asociado con muchos otros tópicos, sin que el tema por sí mismo se asociara, no: es que el orador, el sujeto, ha tomado este tema y lo ha vinculado con éste otro y con aquel otro y con otro más. El sujeto está así siempre "fuera" del tema, manipulándolo y jugando con él, sin ningún compromiso, sin dejarse definir por el tema, como diría Giegerich: sin exponerse sin reservas e incondicionalmente.

Al hacer todo eso no ha confiado, o tal vez ni siquiera ha sospechado, que el tema mismo tiene su propia intención, que atendiendo al corazón lógico del tema éste despliega su telos, su propio qué; pero naturalmente, esto significaría que el sujeto se sometiera al tema de modo que ninguna pasión ni interés personal obstruya el amor por el tema mismo. Pero si yo creo que atender al tema mismo me puede llevar a ideologías que de antemano no me gustan, y quiero que se llegue a la ideología que yo quiero (defender o vender), entonces nunca entraré en el tema, ni me permitiré hacerlo, porque o bien creo que el tema está muerto en sí mismo, o porque lo que quiero es usar este tema para defender algún tipo de programa, lo que en inglés se dice agenda. Puesto que acaso el tema dejado a sí no lleve a estas cosas que previamente ya quiero defender, y como no puedo saber adónde lleva sin penetrar en él, no hay disponibilidad en mí como sujeto a entrar en el tema, sino que por la misma actitud se permanece siempre ya ajeno a él, exterior, y por ello mismo externo.

Entrar en el tema es confiar en la cuestión misma (la cosa misma), lo cual supone abrirse al corazón lógico del tema, lo que implica ser inteligente, sí, pero confiar más en la inteligencia del tema que en las propias pre-cauciones; de lo contrario hay, o un pensamiento externo que disecciona un tema sin que el tema se transforme en nada por sí mismo, o (y esto también es frecuente) hay ideología y no propiamente pensamiento riguroso que supone siempre un compromiso con la verdad del tema, sea ésta la que sea.

lunes, 16 de agosto de 2010

Negación dialéctica y refutación




Cuando la refutación es a fondo se deriva del mismo principio y se desarrolla a base de él, y no se monta desde fuera, mediante aseveraciones y ocurrencias contrapuestas. La refutación deberá ser, pues, en rigor, el desarrollo del mismo principio refutado, complementando sus deficiencias, pues de otro modo la refutación se equivocará acerca de sí misma y tendrá en cuenta solamente su acción negativa, sin cobrar conciencia del progreso que ella representa y de su resultado, atendiendo también al aspecto positivo. (Fenomenología del espíritu, G. W. F. Hegel.)

El principio siempre es frágil, pero refutar al principio, desde afuera, creyendo que así se desmonta el pensamiento, no es una verdadera refutación. Refutar ese origen, ese primer pensamiento tosco, es negarlo, y por lo tanto darle aún más forma y, en el fondo, es también desarrollarlo, porque negar es poner en movimiento aquello que se niega. Cuando la negación es externa, pretende tirar por la borda lo negado, pero una negación dialéctica, interna, es la que entiende lo que en ese principio se quiso decir y pone así en evidencia sus carencias, y por lo tanto estas carencias permiten que el principio se desarrolle. El pensamiento real, interior, nunca se sale de sí mismo. La refutación externa, que dice “ah, tiene fallos, lo tiro por la borda”, no ha comprendido el papel positivo de toda negación.

Toda negación contribuye al despliegue, y no hay despliegue sin negación, como no hay vida sin muerte, y si no muere entonces esa forma no se puede desarrollar. Refutar el principio es mostrar que aún no está desarrollado. Por eso la filosofía, según Hegel, no es sólo un sistema sino el conjunto de los pensamientos que han sido negados y por lo tanto desarrollados ulteriormente y con mayor profundidad en diversos sistemas. El sistema es, así, un sistema de sistemas. La historia del pensamiento es una continua transformación a base de negaciones, y las negaciones forman parte esencial -dialéctica- del proceso mismo. Esta es la vida lógica de la que tanto habla Giegerich. El pensamiento común cree que refutar es mirar para otro lado y decir que “como ya no sirve, lo tiro, lo doy por eliminado”. Pero lo que está mostrando Hegel es que una verdadera refutación es el desarrollo del mismo principio, la cual refutación, apareciendo como negativa, hace una obra positiva porque permite desarrollar lo que en el principio estaba en sí, implícito, sacándolo afuera y por lo tanto exteriorizándolo, y así promoviendo un desarrollo, un crecimiento, una explicitación, el volverse de en sí en para sí, reflexión y reflejo y autoconsciencia.

La refutación está contenida de modo implíicito en el principio mismo, sólo que el principio no lo sabe, y la refutación no hace más que exteriorizar, y por lo tanto desarrollar, lo que en el principio estaba contenido de modo inadvertido, inconscientemente. Así es como Hegel ve las cosas, y nos muestra que se pueden ver así cuando uno no piensa estáticamente, de modo puramente formal, sino que piensa dialécticamente.

La obra de un gran pensador incita a que otro pensador responda mostrando sus deficiencias, y esto permite que aquel pensamiento no muera, sino que se desarrolle, y así el pensamiento se irá moviendo, cobrando cuerpo, manifestando su riqueza que estaba contenida en sí, implícita, en el primer sistema, en el primer pensamiento. A través de todas las filosofías, dirá Hegel, sólo hay un pensamiento, que no le pertenece a nadie -aunque se exprese a tavés de éste o aquel pensador- y que es el mismo pensamiento el cual, a través de todos estos pensadores, se va desplegando a sí mismo. Por lo tanto, esto de pensar que un sistema tira por la borda o aniquila a otro es no ver que son partes necesarias de la lucha del espíritu por tomar su propia forma, manifestación de lo que Hegel llamó "la labor (el parto, el esfuerzo, el dar a luz) del concepto". Lo verdadero es el todo. Lo verdadero no está ni en el principio, ni en el desarrollo, sino que está en todo (en el camino y en la meta a la que se llega, la cual incluye el camino como su propio desarrollo), y cada parte sólo tiene sentido como parte del todo. Pero abstraída, tomada aisladamente, la parte está muerta, está en formol, está conservada y etiquetada para los tele-adictos del pensamiento, está para los consumidores de cultura, está para los turistas de la filosofía, pero no está presente el espíritu, sino como la cáscara muerta -pues la serpiente abandonó la piel y ahora está en otra parte. Platón sigue vivo pero bajo otra forma. Ese Platón que reproduces literalmente y que crees que abstraído es realmente el pensamiento de Platón, en realidad es la piel muerta de una serpiente que ahora tiene otra piel, pero que no tendría la piel que ahora tiene de no haber pasado por ahí.

De ahí que Heidegger escriba:

Nunca será posible superar a un pensador refutándolo y amontonando en torno a él una literatura refutatoria. Lo pensado por un pensador solamente puede superarse reduciendo lo impensado de su pensamiento a una verdad esencial. (¿Qué significa pensar? Martin Heidegger.)

sábado, 14 de agosto de 2010

Reflexiones sobre el alma


He aquí una clase del curso “Reflexiones sobre el alma”, la clase correspondiente al 21 de mayo de 2008, en la cual se trataron temas como la psicología imaginal de Hillman, el alma no como sustancia sino como negatividad, la psicología de Wolfgang Giegerich: la importancia de pensar y de las ideas, no como imágenes sino como "conceptos" que "se hacen" al ser concebidos. El alma "se hace", no "es". El alma no es un objeto sino un discurso que sólo es en la medida en que se discurre.
La sustancialización del “alma” inevitablemente recae en la positividad, y por tanto en el positivismo, por mucho que se reniegue de él.
Puede escucharse la clase picando aquí.

sábado, 31 de julio de 2010

¿Cómo puede ser?


¿Cómo puede ser que un escritor como Punset tenga tantos seguidores? Puede ser, en tanto que es expresión de “la lógica imperante en nuestra era”. Y así es que muchísimas personas comulgan con enunciados tan superficiales y tan ideológicos, (para sólo citar algunas “perlas”), como:

“El alma está en el cerebro”

En este enunciado, aparentemente simple, pervive el dualismo cartesiano entreres cogitans (alma, psique, consciencia, mente) yres extensa (materia, physis, organismo, cuerpo). Los intentos históricos por "resolverlo" han abarcado tanto la negación de un lado (por ejemplo: la negación de lo físico y lo material como ilusorio o como "epifenómeno" de lo anímico) o del otro (la negación de lo mental, de lo psíquico como ilusorio o como "epifenómeno" de lo físico/orgánico), o los intentos por ver su "interconexión". Punset, en su enunciado, apoya la reducción de lo anímico a lo orgánico, aunque sin embargo mantiene ambiguamente la tensión, al hablar aún de "el alma". "El alma está en el cerebro" podría leerse como "no hay alma, sino cerebro", ya que si el alma se define como "inextenso" sería absurdo tratar de averiguar "adónde " (en qué espacio físico) está lo inespacial.
Naturalmente, ante los problemas abiertos por el dualismo cartesiano caben otras opciones más sofisticadas (y por tanto menos "populares"), como el cuestionamento del planteo básico que hace posible tal dualismo, cosa que puede encontrarse por ejemplo en Kant o, con mayor profundidad, en Hegel, por no mencionar las más audaces y originales respuestas de la psicología moderna tal como se expresa en el pensamiento de James Hillman o de Wolfgang Giegerich. Pero Hillman o Giegerich se inscriben en esa perspectiva que afirma que "el alma" no es un hecho ni una suma de hechos y "no existe" (no es biología, no es química, no es física, no es sociología, no es política, etc.) para una perspectiva positivista y/o literal.


Ahora podemos descubrir cómo funciona un cerebro locamente enamorado”

La expresión "cerebro enamorado" es sintácticamente incorrecta: una persona puede enamorarse, sin duda. Pero ¿un cerebro, un riñón o un fémur? Cuando el lenguaje corriente se usa más allá de sus límites, se producen estos sinsentidos: "mi cerebro está enamorado de tu cerebro", en lugar de "estoy enamorado de tí", o "mi cerebro desea tu cerebro" en lugar de "te deseo". Al menos es gracioso, cuando no francamente ridículo. Pero al margen de estos errores sintácticos, es muy claro que el interés de Punset y su enfoque sólo apuntan a "cómo funciona" (funcionalismo, instrumentalismo) y no tanto a "qué significa" -es decir: qué ES- el enamoramiento, por ejemplo. Tratar de comprender cómo funciona algo no es lo mismo que averiguar qué sea algo, sino que más bien lo da ya por supuesto, por sabido. Presuposición enormemente peligrosa e ideológica.


“Willis afirmaba que la memoria, la capacidad de aprendizaje y las emociones eran en realidad producto de los “átomos” del cerebro, de la química. Nadie había pensado eso antes. Claro, hoy en día todos pensamos así, lo damos por sentado”


Ciertamente, hoy no todos pensamos así. La retórica de Punset recuerda inevitablemente la huída ante el pensamiento y "el último de los hombres", tal como lo describe Nietzsche en su “Así hablaba Zaratustra”: “La tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive. “Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean. Enfermar y desconfiar considéranlo pecaminoso: la gente camina con cuidado. ¡Un tonto es quien sigue tropezando con piedras o con hombres! Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para tener un morir agradable..“En otro tiempo todo el mundo desvariaba” - dicen los más sutiles, y parpadean. Hoy la gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así no acaba nunca de burlarse. La gente continúa discutiendo, mas pronto se reconcilia - de lo contrario, ello estropea el estómago. La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero honra la salud. “Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean.” (El subrayado es mío)



“el cerebro es física y química, pero las consecuencias de esos procesos físico-químicos son las ideas´


Con esta afirmación Punset, el pionero del “progreso”, no hace sino repetir enunciados típicos del materialismo iluminista del siglo XVIII (Cabanis: “El pensamiento es una secreción del cerebro”) y del siglo XIX (Moleschott o Vogt: “El cerebro segrega pensamientos como el hígado la bilis y los riñones la orina”). Ya Feuerbach (también materialista, si bien más sutil) objetaba en pleno siglo XIX que, si bien el cerebro interviene en la formación de ideas, no puede servir de base para explicar la diferencia entre unas ideas y otras y, sobre todo, respecto a la verdad o falsedad de las ideas. De ahí que la conciencia sea irreductible a explicaciones meramente funcionales.


“en el cerebro, el amor y el odio se parecen mucho. De hecho, si se analizan los ciclos cardiacos de una persona, no se puede apreciar la diferencia entre si una persona acaba de matar a otra o ha tenido un orgasmo”


Esta quizás sea la mejor prueba de que el “análisis de los ciclos cardíacos” -como cualquier otro enfoque cuantitativo- no puede dar cuenta de algocualitativamentetan diferente como un asesinato o un orgasmo. Pero claro, esto se omite alegremente. Como se omite que “el alma” pueda vincularse con la cualidad y no con la cantidad: lo importante no es cómo se produjo un sueño, sino “el contenido” de ese sueño. La cadidad, algo inapreciable cuantitativamente ni positivamente que, como bien escribe Giegerich, escapa “al campo de concentración (actualmente sublimado) de un pensamiento en términos de control, que rige sobre toda la lógica de nuestra era. Pero ésto es precisamente lo que nos exige el enfoque junguiano en la terapia: encontrar a cada persona, y de hecho a cada momento, en su singularidad; en otras palabras, fuera de ese campo de concentración: soltarnos -sin redes lógicas de seguridad- en la frescura y novedad de cada momento presente y en la subjetividad atómica de nosotros mismos- a fin de descubrir en ello, sólo en ello, nuestra verdadera humanidad universal”.


La belleza es la ausencia de dolor de la misma manera que la felicidad es la ausencia del miedo. Somos lo que somos, en gran parte, porque la belleza es un predictor excelso de la salud, nos da la medida de cómo estamos”

La reducción de la belleza y la felicidad a experiencias subjetivas (como ausencia de dolor o ausencia de miedo) muestra hasta qué punto lo esencialmente cualitativo es reducido a mecanismos mensurables. Pocos artistas y poquísimos estudiosos de la ética estarán de acuerdo con estas simplificaciones aplanadoras, propias del utilitarismo más primario. Que la belleza sea equiparada a un analgésico (ausencia de dolor) y la felicidad a un tranquilizante (ausencia de miedo) , son síntomas característicos del proceso de control e instrumentación de una psicología que se ha vuelta “ciencia natural”, es decir que traiciona a su propio nombre: psique como alma y logos como comprensión.

Increíble pero cierto: la superficialidad y el positivismo rampante de estas afirmaciones típicas de Punset son aceptados sin más ni más como expresiones de “sabiduría”. Esta es “la noche y la tormenta” en la cual unos pocos protegen esa “pequeña luz” que aún subsiste vacilantemente: la profundidad de una psicología “con alma” como algo totalmente ajeno a la cuantificación de hechos y su manipulación, instrumentación y control. No hay que olvidar que la lógica de nuestro tiempo se realiza a través de los cuatro valores fundamentales (presentes todos en el horizonte de Punset): información (sustituyendo al conocimiento), eficiencia técnica, espectáculo (sensaciones, intensas experiencias emocionales, incluyendo "subidones") y ganancia rápida. Como dice Giegerich en "La Vida Lógica del Alma": son los cuatros modos por medio de los cuales se realiza el proyecto supremo de nuestro tiempo, el de establecer una existencia absolutamente libre de toda verdad = Ciberespacio")